13 enero, 2012

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Cuando sientes que el tiempo pasa a través de ti, que te conviertes en eternidades, tu alrededor se distorsiona para convertirse para pararse finalmente e ir en contra de todas las leyes de la física. Golpes sordos que vienen de tu interior, como pulsaciones, que se convierten poco a poco en un ritmo constante, un único sonido en el completo silencio de ese tiempo deformado. Intentas moverte, pero tus músculos solo responden a ese pulso, hasta que finalmente, pierdes el sentido, y la poca cordura que te quedaba se pierde junto con esa eternidad.


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Y a ritmo de blues, nos bebimos todo lo que se nos puso por delante, botellas, esa alegría embotellada, botellas y botellas, hasta que perdimos la conciencia de nosotros mismos y se apoderó de nosotros esa euforia de la que a la mañana siguiente nos arrepentiríamos.


(Después de una larguísisisisima pausa, vuelvo a las andadas, los fines de semana, y con textos cortos o reflexiones :))